La apariencia general del Lhasa Apso es la de un perro
pequeño pero sumamente fuerte, con un manto muy abundante en todo el cuerpo, incluida la cabeza, en donde cae sobre los ojos en forma de cascada, con tupidas barbas, bigotes y franjas. Debe denotar fortaleza de carácter. El cráneo debe ser moderadamente estrecho, descendiendo en grado acusado por detrás de los ojos, sin forma de manzana, ni abovedada, ni completamente plana; el hocico, de una longitud aproximada de un tercio del total de la distancia entre la nariz y el occipital, jamás debe ser cuadrado ni basto; un ligero prognatismo es admitido; los ojos son oscuros y de tamaño mediano, situados frontalmente, ovalados; ni llenos ni hundidos, nunca deben mostrar el blanco alrededor; las orejas son colgantes, aplastadas contra el cráneo y cubiertas de abundante pelo. El cuerpo es más largo que alto; de línea recta y riñones fuertes; compacto, con sensación de armonía; el pecho tiene las costillas bien desarrolladas y arqueadas. La cola está bien cubierta de pelo, no demasiado corta, llevada sobre la espalda en forma de pequeña curva; puede haber un pequeño nudo en la punta. Las extremidades anteriores son derechas, cortas y cubiertas de abundante pelo; las escápulas están bien inclinadas hacia atrás. Las extremidades posteriores están bien desarrolladas, con una musculatura generosa; bien anguladas; los corvejones son rectos y no están demasiado juntos.
Todos los colores son admitidos de igual forma, pero los tibetanos aprecian de manera especial los colores dorados, azafranes, etc. Esto no quiere decir que un Lhasa Apso dorado sea mejor que uno blanco o negro. Las marcas negras en barbas, punta de las orejas y punta del rabo son deseables.
El manto de estos perros debe ser largo, liso, sin ondas ni rizos, además de denso. La textura, áspera, ni lanosa ni sedosa. Es posible que un ejemplar joven tenga ondulado el pelo de los miembros, esto suele desaparecer con la edad.
El movimiento es suelto, alegre y elástico; debe llevar la cabeza erguida, con cierto alarde de elegancia. Parece que se mueve sin ningún esfuerzo.
Alegre, seguro, equilibrado, vigilante y decidido, pero reservado con los extraños. Destacan por su fidelidad y entereza. Son cariñosos, divertidos, activos, con una salud de hierro, siempre dispuestos para el juego. Son maravillosos con los niños;
en cambio, no son animales a los que les guste estar en el regazo de sus dueños.